EL OTRO SECO, YO MOJADO
Apoyado en una vereda, rebuscándome una postura que lograra el cometido de no dejar caer el lodo de la tierra humedecida por una repentina garúa, me encontraba pensado con tanta lucidez, sin una pizca de cansancio mental, a pesar de que toda la templada noche no pude relajar ni una sola expresión que saliera de mi mismo, no parecía que había salido de una reunión del estrato más alto, dado que el oxigeno importado en ese salón era más puro que en esta calle oscura, rocosa y monocroma donde me dejó mi taxi.
Muy conciente de los años que he vivido y las cosas que tengo, que tuve y que posiblemente tendré, después de mandar al carajo el temor a perder la salud, decidí salirme de la sombra, donde me oculte de los dos bandos, él que tuve que abandonar discretamente y del que discretamente tengo que regresar, me desinstale para dejarme mojar de la lluvia.
Me creí loco por un rato, y después de varias gotas, tuve la tentación de regresar a mi madurez, a la postura, pero la libertad del exterior reconoció mis ansias y la invadió por completo. Y así es que ahora cuento esto; de un hombre de 35 años que sale a la lluvia a mojarse la memoria y lograr la escurrida reflexión de que justo antes de mojarme no era nadie, ni uno, ni de los otros, que he escuchado demasiado que hay que ser otro, un otro importante, un otro poderoso, muchos otros más, que me había olvidado de ser yo mismo.
Es así que me puse a caminar con calma, echando a perder un traje caro y unos zapatos más caros aun, que en realidad los compro una persona que deje oculta y seca unas cuadras atrás…
De mi autoria, de fragmentos cortos
